Mercaderes Asociados

Marketing y globalidad

La felicidad… es ver comerciales.

Las dos entradas anteriores han estado dedicadas a plantear, con respaldo abundante de data, la prevalencia de la TV como medio para la publicidad en los EE UU (y por deducción lógica, en el resto del mundo). Tanto en por el número de  horas que pasa el norteamericano de todas las edades delante de la pantalla del televisor (incluso compartiéndola con la de Internet y la del teléfono móvil) como por las pruebas que hay de su eficacia publicitaria.

La presente es una entrada más bien de tipo cualitativo, aunque aporta algunos datos al mismo tema, que cierro hoy.

Dije en una de ellas y referida al uso del TIVO “que hay por ahí la teoría de que cuando los comerciales son nuevos los ven y cuando son vistos y conocidos, aún viéndolos a velocidad rápida, los recuerdan”  Y prometí buscarla en mi archivo. Lo cierto es que no la recordaba con precisión.

Se trata de un artículo de AdWeek del 30 de julio del año pasado titulado TiVo: Viewers Skip Fewer ‘Relevant Ads’ que reportaba resultados de la información recolectada en mayo 2008, en un panel  –The Power||Watch Consumer Panel– establecido en sociedad con Starcom, EE UU, que da acceso a 20,000 hogares voluntarios y ofrece datos demográficos y  de comportamiento, cuando sus miembros ven TV (en directo o en diferido).

Los primeros datos indican que en todos los niveles demográficos y en una alta tasa, se utiliza el avance rápido cuando empiezan los comerciales. En  prime time en los canales abiertos, el 57% de todo el programa se adelanta y el 66% de los comerciales se evita. En señal abierta y cable en todos los periodos de tiempo, el 36% se adelanta y aproximadamente la mitad de los comerciales se saltan. Ojo: 66% y 50%. No todos los comerciales.

Los usuarios tempranos del TIVO (los que se suscribieron hace más de tres años) se saltan más comerciales que los que lo tienen hace poco tiempo. Pero no hay diferencia en los niveles de avance rápido ni de eludir comerciales.

Se eluden, sin embargo, los comerciales de manera distinta según los niveles demográficos. Por ejemplo los comerciales de productos para el cuidado de la piel de los niños, se visionaron en hogares con niños de menos de 12 años, 37% más que en hogares con adultos de más de 50 años. Pero por el contrario, la propaganda política tuvo 15% más de atención en los hogares con adultos de mas de 50 años, y los productos revitalizantes del cabello y las pelucas logran 10% más de atención en este nivel de edad.

Ries & Trout

Ries & Trout

– ¡Oiga pero eso no me agrega nada a lo que yo ya sabía! Ries y Trout hablaban ya hace más de veinte años de la sociedad sobrecomunicada y de cómo la mente filtra los mensajes publicitarios que no le interesan….

– Si, pero lo que le están diciendo ahora es más o menos lo contrario: que a pesar de tener un sistema para filtrar todos los comerciales, si lo que está pasando en avance rápido es algo que le interesa lo va a retroceder y lo va a mirar.

Y también estaría diciendo que a pesar de que aún viéndolos a gran velocidad y sin audio, el televidente está consciente de lo que está viendo todo el tiempo. Lo suficiente para identificar algo que le puede interesar y retroceder.

Esto confirmaría que la relevancia juega el importante papel que todos le conocemos en la publicidad, y que lo peor que se puede hacer es dejar que ella se “bergaminice”. Porque para Ingmar Bergman era estupendo que la gente saliera del cine tratando de interpretar los simbolismos de la película, mientras que ningún consumidor se planteará más allá del “…deben estar locos” qué fue lo quisimos decirle con nuestra publicidad. Algo así como el humor por el humor (del que ya he hablado varias veces en el blog), dejará al consumidor sonriente… y esperando el siguiente chiste.

La publicidad, si es relevante para el target al que la dirigimos, será vista. El consumidor no rechaza la información bien presentada que le servirá para tomar una decisión de compra. Y probablemente eso explica mejor que nada lo que decían las dos entradas anteriores sobre su eficacia a pesar del TIVO, del zapping y del clutter

Lo malo del Charter PowerWatch es que fuera del artículo de AdWeek y del press release con el que fue lanzado el servicio, no he encontrado nada más. ¿Se ha convertido en un servicio exclusivo para Starcom? ¿Fracasó? ¿Cayó en la  batalla de la reducción de costos que han hecho todas las empresas ante la crisis? Si alguien de Starcom o TIVO lo sabe y por casualidad me lee, le agradecería que me lo dijera.

El otro tema de hoy es curioso también. Incluso parece salido de la fantasía: un libro “The How of Happiness : A Scientific Approach to Getting the Life You Wantde Sonja Lyobomirsky, basado en múltiples experimentos, sostiene que los comerciales hacen los programas de TV más agradables. No solo los buenos comerciales, sino incluso los malos. Y como veremos más adelante, otros autores la secundan.

– ¡Está loca! hay un proverbio que dice que los comerciales son lo que hace posible -e imposible-, la televisión. No solo no me lo creo sino que como dijo el torero: “Lo que no se puede… no se puede. Y además es imposible”.

– Ella misma dice que cuando se lo dice a la gente se la quedan mirando con incredulidad. Pero que los resultados son, en sus propias palabras, “simultáneamente inverosímiles y empíricamente coherentes”. Y hay otros estudios de investigadores que analizan el comportamiento del consumidor, que dicen que interrumpir una experiencia sea esta triste o agradable, la puede hacer significativamente más intensa.

Son muchos los estudios que descubren que la gente no necesariamente tiene claro lo que la hace feliz. Existe una especie de equilibrio que se recupera después de una experiencia que produce mucha felicidad  como ganarse el gordo de la lotería, o mucha tristeza como una separación dolorosa. Al poco tiempo se regresa al nivel que se tuvo antes. Los hombres son, finalmente animales de costumbre que se habitúan rápidamente tanto a la prosperidad como a la adversidad. Tanto a la guerra como a la paz. Todo se reduce a un rasgo de comportamiento llamado, sencillamente,  adaptación.

Sonia Lyubomirsky, la autora, dice que siempre se ha preguntado cómo, si las personas se acostumbran tan rápido a las actividades placenteras, es posible sostener un nivel de felicidad aún cuando esas actividades disminuyen. Y agrega que la investigación muestra que una de las formas de hacerlo, es privilegiar las nuevas experiencias sobre las cosas buenas materiales. Que, por ejemplo, la memoria de un viaje interesante, proporciona un sustento mucho más duradero que la compra de un nuevo auto. Otro ejemplo que da es el actividades de todo orden con la pareja, que pueden ser más satisfactorias que algo exclusivamente material.

Leif Nelson, un profesor de marketing de la Rady School of Management de la Universidad de California, San Diego junto con Tom Meyvis profesor de marketing de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y Jeff Galak, estudiante de un doctorado en la misma universidad, se plantearon la hipótesis de que contra más tiempo pasa un televidente viendo un programa de televisión, menor es la intensidad con la que lo disfruta.

Para probarla plantearon un trabajo en seis fases, con 87 alumnos de último año de la Universidad de Nueva York, a los que hicieron ver la serie “Taxi” (el episodio “Louie’s Mother,” puesto en el aire originalmente en 1981). Escogieron “Taxi” porque sobre esta serie ninguno de los 87 participantes tenía una opinión pre-existente. A la mitad del grupo, se la pasaron tal cual fue puesta en el aire en una reposición del 2005 —es decir con comerciales— y a la otra mitad limpia de comerciales y a ambos se les pidió compararla con “Happy Days”, una serie que los de ambos grupos conocían bien. Los que vieron Taxi sin comerciales prefirieron “Happy Days”. Los que la vieron con comerciales prefirieron “Taxi”. Es más, mostraron niveles más altos y estadísticamente significativos de disfrute.

La serie “Taxi”

Como el grupo era más bien joven, en uno de los experimentos los investigadores incluyeron individuos entre los 18 y los 67. La mediana era 35 y equivalente a la de la población estadounidense. El resultado fue que los más jóvenes, probablemente porque buscan más novedades, aceptaban mejor los cortes comerciales mientras que los mayores de 35 prefirieron programas sin comerciales.

En experimentos similares, utilizando otros video clips (un combate entre dos piratas y un video de la naturaleza con patos salvajes) y una variedad de interrupciones con comerciales, los resultados fueron los mismos: la gente calificó como más placenteras las pruebas con comerciales insertados en medio de los clips que cuando veían los clips sin ellos. Adicionalmente una parte de aquellos que vieron los clips con comerciales, estuvieron dispuestos a pagar dinero por una compilación de 15 cortos en DVD hecha por el director del video de los piratas e incluso de donar fondos para la preservación de los patos salvajes: ambos anunciados en los “comerciales”. Esto resulto consistentemente igual fuesen los comerciales divertidos o aburridos.

Otro tema fue averiguar si cuando el programa interrumpido es muy interesante (como 24, Lost, Big Love, The Sopranos) se amortigua o se desmejora la experiencia. Para ello le mostraron a los individuos dos musicales  indios de Bollywood, uno muy activo en el que dos actores persiguen a la protagonista y uno mucho más lento y vacío. En el primer caso no hubo ningún efecto negativo. En el segundo los cortes comerciales mejoraron significativamente la experiencia: cuanto mas duraba el programa sin que hubieran cortes, más aburridos quedaban los participantes.

Y el efecto no se limitó a ver televisión. En otro experimento la interrupción de un masaje también mejoró su disfrute. Pero lo contrario también fue válido, como por ejemplo escuchar el ruido de una aspiradora: interrumpirlo y volver a empezar lo volvió peor. O más desagradable aún.

Los autores llegan a proponer como tesis que la televisión comercial evolucionó culturalmente para maximizar el placer. Y que los millones de televidentes que graban los programas para evitar los comerciales, no dejan sin embargo de interrumpirlos para beber algo, llamar a alguien o hablar.

El trabajo se hizo en seis estudios encadenados entre sí, y fue  publicado en el Journal of Consumer Research de la Universidad de Chicago donde un abstract está disponible (así como los estudios completos previo pago): Enhancing the Televisión Viewing Experience through Commercial Interruption.

Es probable que el rito de ver televisión (luces encendidas, interrupciones, alternativas siempre abiertas de movimiento, conversación, etc.) tan distintas al del cine (oscuridad total, no interrupciones, movimiento solo para emergencias) nos haya condicionado de manera a que los comerciales sean una parte perfectamente tolerada que además permite desde seguir informándose (ya no entreteniéndose) a través del mismo medio, hasta estirar las piernas, ir al baño o a buscar algo de beber y de comer (actitudes siempre pendientes de refinar en términos de cuantificación cuando se trata de medir presencia delante de la pantalla en el momento mismo de que pasen los comerciales). Pero no hay que perder de vista que si es tan agradable volver a la serie que se estaba viendo, también es porque se retorna a una zona de placer. Y que lo que interrumpió esa zona de placer es algo que de hecho tiene que ser menos placentero de ver: los comerciales. No empecemos por lo tanto a imaginar que los televidentes lo que realmente quieren es ver comerciales. Esas no son las conclusiones del estudio.

En cualquier caso esta investigación ha agregado cosas que no sabíamos y que tienen su importancia. Porque complementan de alguna manera, la información relacionada con el alcance, el uso y la eficacia de la televisión como medio publicitario que vimos en las dos entradas anteriores.

Se han ocupado de este tema importantes medios especializados: Time, Consumer Behaviour Lab, International Herald Tribune, Science Mode, abc news, The New York Times, Rady School Management, San Diego, Reuters, The Telegraph y otros. Y cuando ya iba a publicar esta entrada, siendo las 6:44 AM hora del Este del 12 de marzo de 2009, me llega via Google Reader el artículo de hoy de Branding Strategy Insider, firmado en esta oportunidad por Mark Ritson, cuyo título es: “TV Ads and Viewers: Together at Last?“, que toca coincidentemente, el tema del estudio de Nelson, Meyvis y Galak que acabamos de analizar.

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marzo 12, 2009 - Posted by | Marketing y Globalidad, Publicidad | , , , , , , , , , , , , , ,

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