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Marketing y globalidad

El cerebro e Internet: la polémica

Nicholas Carr

Supongo que el ensayo de Nicholas Carr no deja a nadie ileso, sea que use Internet para informarse, distraerse, comunicarse y/o trabajar. Yo, fui reconociendo los síntomas y los signos señalados por Carr con una cierta alarma y desde luego con la esperanza de que sus temores agoreros, fuesen refutados por alguna mente tan brillante como la suya. He leído mucho sobre el tema y buena parte, en este mundo hiperinformado, no era más que la repetición de lo mismo y esos fuegos artificiales de poca luz que acompañan a cualquier noticia que se dé y más si ésta es controversial, pero que son mucho más ruido que nueces.

Rescataré, sin embargo dos fuentes: un artículo en El País Internet cambia la forma de leer… ¿y de pensar? que desde el título abordaba lo que ya es una afirmación sin vuelta: leemos de manera distinta y lo que es una duda inquietante: si eso cambia nuestra manera de pensar ¿es malo?. Buena parte de las respuestas la dan pensadores del  London University College y como es de esperar no hay respuestas rotundas. Sin embargo creo que el balance se acerca mucho más a no temerle al cambio que a imaginar que Internet nos volverá a todos zombies intelectuales (o por lo menos, eso es lo que mi cerebro quiere creer). En cualquier caso los que lo experimentarán en forma completa serán los nativos digitales (es decir aquellos que ya nacieron rodeados de tecnología digital), que, según Don Tapscott, autor, entre otros ensayos de Grown Up Digital: The Rise of the Net Generation y de Wikinomics: How Mass Collaboration Changes Everything, constituyen la generación de los actores, iniciadores, lectores, escritores, espectadores, organizadores, escrutadores y colaboradores” y dice también que estos son más aptos para trabajar en común “más perspicaces, rápidos y más abiertos a la diversidad”, y que los que utilizan videojuegos disciernen mas cosas y tienen competencias espaciales desarrolladas que el son muy útiles a los arquitectos, los ingenieros y los cirujanos”.

¿Cómo le puede ir mal a la humanidad con personas así que además han nacido conociendo el daño que los humanos más civilizados le hemos causado al planeta en que vivimos? Y que además estarán perfectamente enterados de todo lo que Internet tiene de distracción y de ocio mal dirigido y mal digerido. Porque hay otro ocio buscado, encontrado y extraordinariamente útil al espíritu y sin duda a la mente.

La otra fuente es donde la polémica desatada por el ensayo de Carr ha alcanzado sus más altos niveles: Edge, una revista de Internet perteneciente a la Edge Foundation Inc. cuyo mandato es “promover el análisis y el debate de temas intelectuales, filosóficos, artísticos y literarios de manera a ponerlos al servicio del desarrollo intelectual y social de la sociedad, y reúne lo que la propia organización llama algunas de las mentes mas interesantes del mundo”. Es una manera modesta de llamarlas “algunas de las mentes más brillantes del mundo”.

Al final de este texto he puesto, traducidos, los principales pensamientos de los sabios que opinaron en Edge sobre este tema.  Pero si leen inglés, vayan a la fuente directa. Será un poco más largo, pero mil veces más seguro. Cada pensador que cito tiene en su nombre un enlace a su biografía en Edge. Vale la pena ir al enlace antes de leer lo que dice, para descubrir la mezcla de conocimientos, hobbies y frecuentemente éxito en el mundo de los negocios, de estos iluminados.

De lo leído, me  parece importante poner la situación expuesta por Carr dentro del contexto de la historia. La revolución de la información y con ella los cambios trascendentales en la cultura de la humanidad empezó cuando los fenicios inventaron el alfabeto. Y siguió con los escribas de las distintas civilizaciones hasta que llegó Gutemberg y se imprimió la primera Biblia. Vino después una mayor selección de libros, pero era aún literatura solo para un grupo reducido: los alfabetizados. Después se amplía la oferta porque más gente aprende a leer y a los libros sagrados se agrega lentamente una literatura más al alcance del lector, que aún pertenecía a una minoría. La explosión que produce cada vez más libros en distintas formas, de distintos temas, con distinto precio va aparejada ya no solo con la alfabetización sino con la sed de conocimientos del ser humano que encuentra en el libro educación y distracción. Y que está dispuesto a pagar por ambas. El espacio más cotidiano, ligero e informativo lo ocupan revistas y periódicos. La radio, pero sobre todo la televisión, llega como gran competidora del tiempo que se ocupaba en la lectura y, además, deja al humano pasivo delante de una pantalla hasta que llega, finalmente, la oferta infinita y la interacción con Internet. En cada transición los agoreros expresaron su miedo por lo que la nueva tecnología iba a destruir. Y si bien acertaron en lo inmediato, nunca imaginaron las enormes consecuencias colaterales y desde luego positivas, que traería cada adelanto.

Gutemberg

La Imprenta de Gutemberg

Por ejemplo, con el advenimiento de la imprenta se temía por el futuro de los escribas, amanuenses o copistas que por siglos habían tenido la importante tarea de transmitir la cultura escrita —o la tradición— en una sociedad predominantemente analfabeta. Un monje llamado Johannes Trithemius y conocido como Johann von Heidenberg, que fue el fundador de la sociedad secreta Sodalitas Celtica (Cofradía Céltica) dedicada al estudio de las lenguas, las matemáticas, la astrología y la magia de los números, escribió en 1492, medio siglo después del invento de Gutemberg,  un tratado sobre la superioridad del trabajo de los amanuenses sobre el de la máquina. Pero al monje se le creó un problema, quería que el libro alcanzase una amplia audiencia así que tuvo que escoger que fuese impreso porque sus aliados escribas no hubieran hecho suficiente número de copias a tiempo, con lo que con los hechos destruía la teoría de su libro en el momento mismo de imprimirlo.

Por otro lado, Gutemberg nunca pudo imaginar cómo ayudaría su invento al protestantismo (es decir que la diseminación de las ideas protestantes fue facilitada por la invención de la imprenta, lo que hizo posible difundir una amplia literatura apologética, bíblica y religiosa y fomentó la edición de nuevas traducciones de la Biblia en lenguas vernáculas). De la misma manera, los múltiples cambios sociales catalizados por Internet son imprevisibles.

Otro ejemplo: los fabricantes de teléfonos celulares, no imaginaban que los mensajes de texto se convertirían en una característica tan importante del producto.

jovenes en red

Cada una de las eras incorporó nueva gente, cada vez más, al uso de los nuevos medios. Y la oferta fue variando (es decir cayendo) en calidad y de profundidad (medida en términos de alta cultura) para satisfacer lo que pedían cada vez más personas (no hay mas que ver lo que se ofrece en la televisión hoy en día). Pero la cultura no fue nunca un asunto de masas. Ni las sinfónicas tocan en los estadios, ni los clásicos se reparten en fascículos como oferta de los periódicos, ni los museos de arte necesitan policías para poner orden en la entrada. Siempre ha sido una minoría la que tenía acceso a la cultura. Sea porque los niveles de alfabetización eran bajos, sea porque el costo de acceder a esa cultura de élite ha sido siempre alto. La guerra y la paz” será leída por una minoría en un libro tradicional o en forma electrónica y algunos la encontrarán sublime y la leerán más de una vez, para lo cual deberán separar el tiempo que toma leer una obra de gran envergadura. Porque no es cierto que mal acostumbrado el cerebro a leer en pequeñas rebanadas la información, se vea impedido de leer algo de mas envergadura. No es, de hecho, el número de páginas. Lo prueba el hecho de que los libros de Harry Potter, best sellers por definición, tienen muchas páginas. Ni tampoco es una cuestión de tiempo: el tiempo (o por lo menos el tiempo libre), lo maneja cada persona y dispone de él de la manara que quiere.

La discusión sobre los grandes autores, que como verán más abajo, ha causado gran polémica en la que han participado varios de los sabios que nombro más arriba, así como otros en un Foro Your brain online de la Enciclopedia Británica

Los dejo con la traducción de lo que han dicho en Edge, los sabios modernos.

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W.Daniel Hillis y Kevin Kelly

W. Daniel Hillis y Kevin Kelly

W.DANIEL HILLIS

Afirma que si bien algo nos está volviendo estúpidos no es Google: más bien Google sería un chaleco salvavidas que nos permite quedarnos en la superficie de un torrente (de información, claro está) que crece sin parar. Y el desborde de información no es consecuencia de los avances de la tecnología de las comunicaciones ni del poder de los medios, ni lo genera nuestra reciente debilidad por mordisquear la información. Estas son tendencias y no la causa. Solo síntomas del predicamento en el que nos hallamos. Nuestra insaciable demanda de información es la que lo produce. Nos quejamos de la sobrecarga pero tomamos un servicio de banda mas ancha, un teléfono que nos permita recibir e-mails, tarifa plana para nuestras líneas y cable premium. En medio de la inundación abrimos todos los grifos (caños / canillas). La tecnología ha roto nuestro aislamiento y no solamente el mundo se ha complicado sino que más de él se ha vuelto relevante. Tenemos además más necesidad de información porque cada vez hay más decisiones en nuestras manos (o decisiones por las que tendremos que votar) que antes las tomaba otro por nosotros. Por ejemplo el rey. Nuestro entorno ha crecido de tal manera que ahora pertenecemos a la aldea global (término de por sí ya muy viejo pues lo acuñó McLuhan en 1962) con mentes diseñadas para manejarse en un trozo de sabana con un grupo íntimo de amigos. Forzados a tener más información sacrificamos la profundidad. Descremamos, compendiamos, nos saltamos la letra menuda y frecuentemente se nos escapan puntos importantes.

Hillis asume que encontraremos una manera de salir de esta situción, probablemente a través de nuevas tecnologías o edificando nuevas sociedades más afines con las limitaciones.

KEVIN KELLY

K. Kelly, simplifica mucho la cosa (Por cierto le debo a su blog, The Technium, la estupenda foto de la máquina de escribir de mi post anterior —una Malling-Hansen Writing Ball— que usó Nietzsche y que puede verse aquí en funcionamiento).

En primer lugar dice que Carr admite ser un pesimista crónico y que ha hecho tan buen trabajo citando a pesimistas crónicos antiguos que estaban equivocados, que es difícil tomárselo en serio. Se pregunta después si fue el uso de la máquina lo que cambió el estilo de la prosa Nietzsche o si simplemente fue que estaba muy enfermo y muriéndose y el océano de textos cortos de la web se debe a que somos incapaces de prestarle atención a los artículos largos o si se trata de que antes era poco lucrativo producir en pequeñas cantidades  ahora no. Y al recordar que Carr describe al inicio de su texto la manera tan inteligente como usa Google si no será más bien que cuando nos salimos de Google nos volvemos mas tontos y mas bien al usar Google mejoramos nuestra inteligencia.

Ante la duda decide que prefiere perder los, digamos, 20 puntos que pierde su IQ (cociente intelectual)  a cambio de los 40 que gana al utilizarlo.

Larry Sanger y George Dyson

Larry Sanger y George Dyson

LARRY SANGER

También va al grano. Acepta que la tendencia a picotear información es cierta y nos está llevando a lo que llama con gran humor una indigestión epistémica(1) y que es cierto que deberíamos leer más libros incluyendo a los clásicos. Pero piensa que Carr se equivoca al presentar el problema como uno tecno-social colectivo, fuera de nuestro control por el que hay que culpar a los programadores y que debe ser tratado por los psicólogos sociales más que por los filósofos y los humanistas.

Sanger cree que hay un solo culpable de esta situación: uno mismo. Si algunos de nosotros no podemos leer un libro completo no es por culpa de Google ni por la vasta información en Internet. Afirmarlo sería aceptar una cierta dosis de determinismo que, a fin de cuentas negaría aquello que nos hace más humanos y que casi indiscutiblemente nos otorga nuestra dignidad: nuestra habilidad para pensar sobre las cosas de punta a cabo, con intensidad y de manera que pueda llevarnos a cambiar nuestras mentes en forma profunda.

Es ridículo quejarse de algo que cada cual maneja o puede manejar y un signo de falta de la voluntad o de indisciplina pero no de ser víctima de nada o nadie.

GEORGE DYSON

Al principio se pone dramático al preguntarse si el precio a pagar por máquinas que piensan no será el de personas que no piensen y saca un ejemplo de J. B. S. Haldane que, en 1928 dijo: “Los antepasados de las ostras y las lapas tenían cabeza. Las serpientes perdieron sus miembros y los avestruces y los pingüinos, su vuelo. El hombre podría de igual forma perder su inteligencia.”  Pero corrige y dice que sin duda perderemos algunos de nuestras atesoradas formas de pensar, pero las reemplazaremos por algo nuevo. Porque si bien la generación actual no ha tenido inmunidad infantil contra la estupidez asentada en la red, las siguientes si la tendrán. Y declara que le preocupa más que la gente crezca sin saber atar un nudo bolina (nudo marino) y afilar un cuchillo de caza o reconstruir un carburador que la gente que no lee libros (¿habrá que ganarse el sustento cazando y pescando?).

Termina diciendo que el iPod y el MP3 causaron la declinación del album y el ascenso de la lista de canciones. Pero que más gente está escuchando más música. Y que eso es muy bueno.

Jaron Lanier y Douglas Rushkoff

Jaron Lanier y Douglas Rushkoff

JARON LANIER

Lo que nos está haciendo estúpidos es pretender o fingir que el cambio tecnológico es un proceso autónomo que continuará en la dirección que escoja independientemente de nosotros.

Es cierto que alguna tecnología en particular puede convertirnos en estúpidos. Casinos, dive bars, los tabloides sobre famosos, el crack… Y ciertamente hay tecnologías digitales que no extraen los mejores aspectos de la naturaleza humana. Los comentarios anónimos, por ejemplo. Lo que hace peor a la tecnología es el concepto de que solo hay un eje para escoger que va de pro a anti. Los diseñadores de experiencias digitales debe alegrarse de que alguien formule una crítica bien articulada, porque es un paso crucial en hacer mejores cosas digitales.

DOUGLAS RUSHKOFF

Afirma que en 1995 sostuvo que miramos a los niños instruidos en el uso de la red de manera equivocada, y que éramos como peces lamentando que los chicos hayan evolucionado, les hayan salido piernas y caminen en la tierra y que en ese proceso hayan perdido la capacidad de respirar bajo el agua, mientras que ahora es menos optimista particularmente porque aún ignoramos los sesgos de los medios cuando nos movemos de un sistema al otro. No es tanto una cuestión de qué es bueno y qué es malo sino de cuan conscientes estamos del poder de cada medio y cuan conscientemente nos movemos entre el uno y el otro.

El problema de Internet, dice, es que nos empuja a cortar en tajadas delgadas la información o pasar rozando sobre ella en vez de ahondar más profundamente y reflexionar. Es como una lectura de The New Yorker que nos da  suficiente información para proporcionarlos los trocitos de ella que necesitamos para discutir un tema en un cóctel: la web proporciona grandes dosis de eso.

La fortaleza de la web está, sin embargo en proporcionar sus textos en un contexto más coloquial y abierto a la colaboración. Mientras que el libro está más sesgado hacia la persona (con mucho tiempo disponible) sentada en su estudio y leyendo casi siempre en solitario, la red abre la posibilidad de explorar de manera compartida. Como esta por ejemplo.

Por lo tanto la clave, según Rushkoff, está en entender los sesgos de cada medio (como diría McLuhan). No debemos ver nuestro movimiento entre un medio dominante y otro menos dominante como un beneficio o una pérdida sino como un cambio de panorama que puede ser explotado positivamente si tomamos el tiempo y la energía para examinar las características y oportunidades del nuevo terreno.

Nicholas Carr y Clay Shirky

Nicholas Carr y Clay Shirky

Una escaramuza importante, en torno al ensayo, se produjo entre Nicholas Carr y Clay Shirky un personaje de primer orden en el mundo intelectual conectado con Internet, del que hemos hablado antes y del que hablaremos más en este blog. Shirky, un optimista que ha medido la participación activa, solidaria y gratuita de la gente en proyectos como Wikipedia, responde al escepticismo de Carr con argumentos que Carr rebatirá y Shirky volverá a contestar. El debate se llevó a cabo en un Forum de la Enciclopedia Británica (Your Brain Online: Forum) que se desarrolló en torno al artículo de Carr.

A pesar de presentar muchos argumentos, la posición de Shirky se centra en que lo que se está jugando es el concepto de cultura y se monta sobre el ejemplo de Carr sobre “La guerra y la paz” en su ensayo (1) para decir que realmente que la gente no lea “La guerra y la paz” no es culpa de la red, es simplemente demasiado largo y no tan interesante. Que el público ha decidido que la sagrada obra de Tolstoy no merece el tiempo que toma leerlo. Y que el proceso empezó mucho antes de Internet, porque lo que desplazó muchísimo la lectura de libros fue la televisión. Pero que ahora, la gente ha vuelto a leer (y coincide con Shirky en que la gente lee más que en los 70 y 80 cuando reinaba la TV) pero que el retorno no ha sido hacia los iconos literarios del pasado. Y concluye el pensamiento diciendo que el problema, como lo ve Carr es que ya no solamente la gente no lee “La guerra y la paz”, sino que ha dejado de hacer una genuflexión frente a la idea de leer “La guerra y la paz”. Finalmente lo tilda de ludista y de querer volver el reloj atrás.

En su respuesta Shirky reitera que su problema no es con el tiempo que quita la red sino que nuestros cerebros está posiblemente siendo recableados de una manera distinta a la del pensamiento “concentrado, linear, relajado, reflexivo y profundo” que él ve como central en la identidad humana y en la cultura. Lo acusa de filisteísmo y de imaginar que seremos capaces recuperar nuestra capacidad de concentración con lo que además de querer volver atrás el reloj, él también se convierte en un practicante de la tecno-utopía. Esto lo negará posteriormente Shirky diciendo que lo que ayudaba enormemente al poder de concentración, era que el entorno estaba prácticamente vacío,  situación imposible de recrear. Y que quizás un medio que expande tan radicalmente la posibilidad de compartir información terminará siendo malo para la humanidad… pero que será la primera vez desde la invención del alfabeto fenicio.

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(1)epistémico, ca.

1. adj. Perteneciente o relativo a la episteme.

episteme.

1. f. En la filosofía platónica, el saber construido metodológicamente en oposición a las opiniones individuales.

2. f. Conocimiento exacto.

3. f. Conjunto de conocimientos que condicionan las formas de entender e interpretar el mundo en determinadas épocas.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

(2) “Ya no puedo volver a leer La guerra y la paz —admitió—. He perdido la capacidad de hacerlo. Me resulta difícil absorber incluso un blog de más de tres o cuatro párrafos. Lo leo por encima.” (en declaración de Friedman, patólogo de la facultad de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan)

(3) philistinism (filisteísmo)

materialismo, preocupación por las cosas materiales; creer que el confort físico es el de más alto valor, deseo por la riqueza y los bienes materiales con poco interés en los asuntos morales o espirituales. Una persona a la que guía el materialismo y usualmente desdeña los valores intelectuales o artísiticos; alguien no informado en un área determinada del conocimiento

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septiembre 7, 2009 - Posted by | Estrategia, Globalidad, Marketing y Globalidad | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

2 comentarios »

  1. Queda claro que no es un cambio, sino una evolución.
    Y que el tema no es sólo cultural, si no de ámbito social.

    A partir de ahí habrá que seguir la línea de la historia y decidir si nos gusta o no el nuevo sistema. Uno que sin duda demanda rapidez ante todo y por todo, uno que sin duda nos quitará y nos dará, aunque queda por verse en qué proporción.

    Comentario por Carlos A. | septiembre 7, 2009

  2. . . . thought you might be interested in participating in our new “Multitasking: Boon or Bane?” forum, featuring posts and commentary this week by Maggie Jackson (author of Distracted: The Erosion of Attention and the Coming Dark Age) and by popular tech writers Howard Rheingold, Nick Carr, Heather Gold, and Michael Wesch:

    Forum link: http://www.britannica.com/blogs/2009/12/multitasking-boon-or-bane-a-new-britannica-forum/

    Comments welcome!

    Barb Schreiber
    The Britannica Blog
    Encyclopaedia Britannica, Inc.

    Comentario por Barbara Schreiber | diciembre 7, 2009


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